La dirección espiritual

Giacomo, antes de coger una decisión ardua, sentía la necesidad de consultarse con un hombre de Dios para no equivocarse. Abrió entonces su corazón a su querido Michelino De Franchis
Y Michelino condujo su querido Giacomo a casa del canónigo Domenico Turano para presentarlo.
Tuvo un encuentro cara a cara para revelarse: sus aspiraciones, sus proyectos, sus inclinaciones, su carácter... todo; y en vista de una indicación, una luz, una guía por parte de aquel hombre de Dios, cuya santidad era nota y reconocida en Palermo.
Y el canónico Turano lo ayudó a entender y comprenderse; le prescribió los medios de santificación: la eucaristía cada día y la frecuente reflexión sobre la Palabra de Dios con las sagradas Escrituras; quiso que ejerciera el apostolado del catequismo en los largos períodos de permanencia en San Giuseppe Jato; además le aconsejó que leyera unos libros, entre ellos Las confesiones de sant'Agostino.